Quiero
encontrar el punto exacto entre tu herida y la mía,
levantar ahí una casa sobre un árbol,
subir cada tarde a inventar historias
y compartir un helado que se derrite como el tiempo
cuando estás conmigo.
Quiero
rescatar una sonrisa en ese gesto que ensayas
al decir que prefieres tu soledad a mi presencia.
Así, me convenceré de que solo necesitas espacio,
y no que soy la sombra de tu desinterés.
Quiero
un corazón que no cierre puertas,
un rincón en tu armario,
mi cepillo de dientes junto al tuyo,
y ese lado de la cama donde siempre encaja el sueño.
Quiero
que beses mi frente cuando la ternura te desborde,
que no haya miedo en tus labios
ni temor a equivocarte
cuando se trate de quererme.
Quisiera ser
la niña que juega contigo en la nostalgia,
la adolescente que te recuerda cómo enamorarte,
la mujer que viaja a tu lado,
y la certeza que te atraviesa cuando dices:
“Carajo, me saqué la lotería contigo.”
Pero no quiero ser:
tu juego, tu anhelo efímero,
tu pasatiempo en horas lentas,
ni el arrepentimiento que se cuela entre tus dudas.
Chore y Chula.
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